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Entradas

Vida Pública

 La otra noche desperté en un sueño. Me fui a dormir muy pacíficamente enredado entre las sábanas tibias de mi cama, esperando que al despertar todo estuviera en su lugar habitual: la mesa de luz con el libro de Onetti sosteniendo el celular, las camperas colgando en la pared opuesta, y la luz colándose entre las cortinas hasta tocar los pies de la cama. Pero nada fue como esperaba. Desperté muy lejos de allí, en un lugar desconocido y una escena bastante extraña. Al principio me sentí relajado, no sé por qué estuve consciente de que todo aquello era un sueño, pero al pasar los segundos esa certeza se fue desvaneciendo, las imágenes eran absolutamente vívidas, nada parecía alejarse de la realidad. Habitualmente se está bastante entrenado para diferenciar la realidad de lo onírico, pero existen momentos donde todo se vuelve difuso y nuestra percepción no permite volcarse hacia ninguna de las posibilidades. Momentos reales que parecen increíbles y sueños que de tan realistas y vívi...

Música nueva

  Hay personas que son como música nueva. Vienen a sacudirnos la comodidad de los lugares conocidos, las notas seguras; nos invaden las listas de reproducción con canciones nuevas. Llegan en el momento justo, y me gusta pensar que las situaciones nos van llevando hacia ellas. De a poco, a los golpes, con notas graves y melodías oscuras, o de un tirón con sonidos dulces y extasiados.   Hay personas que son como discos nuevos, descubiertos por casualidad al navegar en laberintos musicales, o discos recomendados que logramos escuchar después de un tiempo. Canciones llamativas que saltan de la radio hasta atraparnos, y que anhelamos recordar tiempo después para encontrarlas y escucharlas por nuestra cuenta. Algunas de estas canciones se pierden para siempre, y solo duran lo que su tiempo de exposición hasta la próxima publicidad aleatoria.   Hay personas que son todo un mundo inexplorado de notas distantes, ritmos desconocidos que nos invitan a bailar o sacudir la...

Una semana de lluvia

  Estoy sentado junto al fuego. Las piernas estiradas, acercándose gentilmente al borde de la estufa, apoyadas una sobre la otra. El respaldo del banco sobre el que estoy sentado me está matando, su madera me presiona la espalda haciendo algo incómoda mi posición. Pero aun así estoy a gusto. Entre las manos una taza de té caliente es mi única compañía en la noche. Afuera todo está sereno, apenas de vez en cuando se escucha la voz lejana de algún transeúnte desconocido.   Hace un rato en la TV alguien pronosticaba tiempo lluvioso para toda la semana. Quizás tenga razón, desde esta mañana se puede respirar la humedad en el aire, pegándose a los pisos, las paredes y al frío de las habitaciones. “Una semana de lluvia” pensé. La idea ciertamente no me desagrada, amo los días de lluvia.   Una semana de lluvia. Una semana de calles empapadas, de ropa mojada. Una semana de café caliente y música suave por la tarde. Una semana de noches con las gotas de lluvia musicaliza...

Sombras en el jardín

  Mientras las últimas luces de la tarde se van alejando, el concierto de aves se apaga lentamente sobre las ramas del laurel. El resto del jardín está en silencio, ya las pequeñas y difusas sombras de todas las cosas se aglutinan en una sola dando paso a la sombra mayor: la noche. El ambiente perdió sus vivos colores, esos que hasta hace unas horas imitaban algún óleo perdido. El gran verde de los pastos pasó a amarillo teñido por el sol, luego fue cediendo a gris, hasta ser absorbido por un profundo color negro. Y así con el resto de las cosas: el rojo ladrillo de la vereda, el amarillo de las flores junto al muro, el violeta del vino en la copa y hasta el azul en las plumas de algún pájaro. Todo perdió su color y dio paso a un aire de infinitas posibilidades, porque en la espesa oscuridad de la noche las cosas pierden hasta su forma, sus propiedades más absolutas. El mundo material vive en nuestra imaginación, los objetos son porque los pensamos. A menos que algún intrépido av...

Origen incierto

  Si lo fuerzo es muy probable que nunca llegue. La ansiedad crece, la música va pasando, y afuera la lluvia sigue cayendo, pero la hoja aún está en blanco. El lápiz se siente frío en la mano derecha, adormecido, como esperando para acariciar suavemente el papel dejando su huella. Extraña huella, distinta a las humanas, esta produce rastros grisáceos, a veces más claros otras mucho más marcados; va dibujando palabras en su propio lenguaje, inentendible para el instrumento, inerte, que alguna vez fue un árbol con sus ramas libres abiertas al viento. Pero esta lengua es propia de quien sostiene el lápiz, en un antiguo ritual de transmisión de ideas, las conexiones eléctricas en su órgano más incomprendido, pasan por la mano hasta el instrumento y luego al papel, y así son transferidos a la realidad material, donde quedan plasmados a menos que se destruya intencionalmente el medio. Ese mensaje en un misterio. ¿De dónde vinieron esas palabras, esa intención? La respuesta lógica serí...

Alejarse

  Alejarse de la ciudad de vez en cuando puede resultar un ejercicio positivo. Ayuda a ver las cosas en perspectiva. Sentarse en un lugar apartado, custodiado por las sombras de la noche, y mirar a lo lejos la ciudad dormida como una inmensa maqueta silenciosa. Observar las luces amarillentas, tristes, dibujando las calles con figuras geométricas confusas. Escuchar el sonido apagado de los vehículos solitarios atravesando las esquinas, vacías de gente, pero pobladas de a ratos por el ladrido insistente de los perros.   Tomando distancia es difícil imaginarse a uno mismo inmerso en esa ciudad, en sus costumbres, verse caminando sus veredas, yendo de aquí para allá; y hasta viviendo. Porque una vez que se contempla desde este punto de vista se desvanece todo papel que interpretemos en ese escenario, distante ahora. Algo así como ver la vida, nuestra propia vida, en tercera persona.   Todos los problemas o situaciones por resolver, parecen ser absolutamente ajenos a noso...

Fuera de tiempo

 A veces siento que llevo una vida temporalmente desfasada, como si el tiempo al que se mueve la realidad no fuera el mismo que el que gobierna mi propia vida. Es una sensación frustrante muy a menudo, aunque con mucho esfuerzo quizás alguien encontraría en ello algo positivo. Pero, obviamente, yo no sería ese tipo de persona.  De un tiempo a esta parte tomé la posición de intentar obtener una enseñanza de cada situación, sea cual sea su naturaleza, procurando no caer en el optimismo idiota. Esto me llevó a un lugar muy interesante, donde cada día parecía aprender algo, donde valoraba todo lo que me sucediera, fuera “bueno” o “malo”. Ciertamente estaba alejándome de mi visión pesimista de la vida, tratando de ir construyendo algo con toda la información recibida. Aprendí sobre mí mismo, mis reacciones, sobre los demás, entendí muchos de mis comportamientos, y empecé a buscar medios para corregir aquello que no me agradaba. Estaba muy lejos de mi zona de confort, pensando...