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Mostrando las entradas etiquetadas como Relato

Cenizas

Con las rodillas flexionadas y el cuerpo agazapado contra el cordón de la vereda, intenta proteger al fuego de los embates del viento que llegó con la medianoche. Este es su ritual de año nuevo. Sobre el asfalto frío los restos de calendarios van siendo consumidos por las llamas, y así el nuevo año va asomando al otro lado de la calle. Cuando era más joven, vio a su abuelo cumpliendo con esa tradición, ensimismado en su tarea, y desde ese día acostumbra quemar los restos del año al terminar el día.  Cientos de luces de colores iluminan el cielo de diciembre, los estruendos y algunos gritos llegan con el aire, y desde el suelo las llamas derriten los números ya sin sentido. Los días que fueron muy importantes, los días vacíos y solitarios, también esa fecha marcada que no podía olvidarse, todo está allí; aunque ahora todo eso es nada, un simple pedazo de papel ardiendo. Y apenas un montón de recuerdos en su memoria. Las cenizas del pasado abonan su presente, y mañana cuando salga el...

Feliz Navidad

Las paredes blancas lucen algo opacas bajo la penumbra de la habitación, y de a ratos se distinguen las luces de la ciudad reflejadas en sus rincones. El olor a desinfectante, alcohol y otras cosas que no llega a distinguir, apenas deja oler el perfume de los jazmines casi marchitos en el florero a un costado. La puerta se abre logrando que los restos de la luz y el leve bullicio del exterior penetre en el aislamiento de la habitación. Un enfermero, apenas reconocible bajo las ropas protectoras, se acerca con algo de comida y una nueva flor que renueva el perfume del ambiente. En la soledad del aislamiento, el saludo y los deseos de aquel desconocido, son el mejor regalo de navidad que ha tenido en décadas. Una vez más queda solo, recostado sobre las sábanas blancas. Contempla a lo lejos las luces en el cielo, los estruendos apagados por el vidrio de la ventana, imaginando besos y abrazos de otros tiempos, anhelando celebraciones pasadas. *** ¡3-2-1! ¡Feliz Navidad!  El grito inund...

El constructor

Pasó los días construyendo en su mente un lugar seguro y apacible. Un espacio al cual pudiera acudir en los momentos más duros, o incluso para recostarse en las pausas de la rutina.  A cada momento iba moldeando su hogar imaginario, redecorando rincones, agregando nuevas habitaciones, expandiendo colores. No era un sitio estático, sino todo lo contrario, las cosas se iban moviendo y cambiando de lugar o forma de acuerdo a los estados de ánimo. Siempre había un detalle novedoso, aunque la esencia permanecía intacta: la calma sostenía las paredes. Así, de acuerdo a sus necesidades, iba acudiendo a recuerdos felices, momentos atesorados lejos de todo pensamiento oscuro, algún aroma que lo transportaba a otra época, una textura de su infancia; todo ello formaba su lugar de paz. A veces, recostado en la cama al final del día, su mente lo llevaba a ese bálsamo de energía, donde su ser extraviado caía rendido ante el sueño. Pero sin embargo, con el devenir de los días y las vibraciones pr...

La cena

  La espuma resbala lentamente por su antebrazo, hasta llegar deslizándose a la palma de la mano. La otra, que sostiene la esponja, dibuja círculos imaginarios sobre la superficie de un plato, mientras el agua tibia se va escabullendo entre las cosas hasta perderse por el desagüe de la pileta. A sus espaldas, el sonido sedante de las burbujas naciendo y muriendo en una danza de micro explosiones, moviéndose entre las paredes circulares de la olla hirviendo sobre el fuego azul. Levanta la mirada hacia el reloj, donde las agujas se han acomodado para marcar las once de la noche. Luego de terminar con el último resto de vajilla sucia, seca sus manos y gira el cuerpo para apagar la hornalla.  Al otro lado de la barra de madera que protege el frente de la mesada dejando una gran ventana rectangular, se encuentra el living penumbroso. Y en el silencio de la pieza, manchada con restos de luz que escapan de la cocina, alguien duerme estirado sobre el sillón. Su respiración suave dibuj...

Descifrar

Me dejo llevar para ver hasta dónde es capaz de arrastrarme la noche. Todas las palabras cobran protagonismo en este micro universo de música y soledad. Puede que ahora las letras caprichosamente agrupadas se sientan como hojas secas arrastradas por el viento, aisladas de su rama madre. Pero dentro de unos momentos todas tendrán su nicho preciso dentro del texto, y este, abrazándolas, cargará con su intención. Busco capturar las imágenes que pasan por mi mente. Crear algo a partir de este momento, con destino a un instante futuro, donde las imágenes ya no sean tan claras y las p alabras se escondan. Quién se ha robado la magia del mundo?  Quizás este simple ejercicio sea un paso para lograr recuperar la magia que el mundo me robó a mí. La música se cuela como anestesia por los rincones de mi cerebro y de a poco me va llevando lejos de esta habitación. No sé a dónde me dirijo en este viaje fuera de las paredes conocidas. Solo sé que mi cuerpo rendido cayó estirado sobre la cama, y ...

La serpiente brillante

 P or la ventanilla del ómnibus veo acercarse la ciudad, como una inmensa serpiente de escamas brillantes. Su cuerpo se extiende en la oscuridad cerrada del campo alternando luces plateadas y rojizas. Lentamente me voy aproximando a ella, emergiendo desde la nada del campo nocturno, hasta llegar a sus calles despobladas. A medida que avanzo, los árboles opacos bajo el cielo se van intercalando, pasando velozmente frente al cristal, para perderse a mis espaldas. Ahora ya soy uno con la serpiente. Lentamente voy rodando por sus entrañas, rozando su piel de asfalto frío, dejando atrás a los pocos transeúntes que aún rondan las calles de invierno. Las vidrieras empañadas devuelven imágenes borrosas de los comercios tras las rejas. Un gato salta desde un tacho de basura, para perderse con sigilo tras la esquina. Poco a poco me alejo y la luz va desapareciendo. Ahora solo veo el horizonte, donde confluyen el negro del campo con la poca luz que las estrellas le otorgan a este cielo noctur...

Sendas de papel

Escribe arrojando las palabras sobre el papel con vehemencia, como si así lograra disolver la pesadez de su monólogo interno. A esa altura de la noche cualquier paliativo para su conciencia es bienvenido. Poco a poco se entrega a los devenires del texto, que lo van llevando por los rincones más insospechados de su mundo interior. Cada palabra, frase o ide a que se m anifiesta, va de sper tando toda una nueva región, o trae consigo imágenes latentes de  un futuro anh elado. F ot ografías gastadas de un pasado  recorrido una y otra vez, hasta el cansancio, parado en el umbral del sueño al filo de alguna madrugada. Todo esto navega sin rumbo en las turbulencias de su pensamiento, y solo es preciso un momento de calma exterior para que el adentro empiece a agitarse y desnudar sus vacíos. Parece como si el prestarle atención sólo contribuyera a profundizar el enredo. Pero hacerlo visible en el  marco abierto de una hoja en blanco, puede que ayude a desatar los nudos de la mare...

Marea

La marea lentamente se va retirando, llevándose consigo los recuerdos de una tormenta nocturna. Silenciosos niños descalzos recorren la arena de a saltos, atraviesan dispersos el laberinto de restos que adornan la arena. La playa se levanta inmensa y brillante bajo el sol de un nuevo día. Ecos de la tempestad aún resuenan mar adentro, llevados hacia el olvido por el movimiento pasivo del mar, dejando atrás horas de bullicio eléctrico, viento y luces violetas. Sobre la arena, extendida como una hoja en blanco a lo largo de los límites del agua, permanecen las huellas de las olas, impresiones desordenadas de remolinos que ahora se habrán diluido más allá de los límites de la vista, transformados en agua calma. Los niños resbalan, corren y saltan, deambulando entre los restos que el mar dejó olvidados en la playa. No buscan nada en particular, solo se van sorprendiendo con los misterios escondidos entre los escombros de la tormenta. Maderas carcomidas por el tiempo, redes de pesca extravi...

Extrañar

¡Buenas! ¡Bienvenidx a mi blog y gracias por tu visita! El texto de hoy es uno más enmarcado en esta realidad de aislamiento que estamos viviendo. Surgió mientras escuchaba el disco "Parachutes" de Coldplay, así que probablemente esté un poco influenciado por el aura de sus canciones. Puedes dejarme un comentario más abajo, o usar los botones para compartirlo en tus redes sociales. ¡Espero lo disfrutes! - Hay un abrazo pendiente en el calendario. Más de uno, en realidad. Hay una lista de otros planes a la espera. Una mirada que busca sin éxito otra mirada, atraviesa el aire vacío y frena al chocar contra las paredes. Podría esperarse que las circunstancias la llevaran a regresar y mirarse a sí misma, pero no es así. No puede. Se hace tedioso voltear a observarse después de tanta costumbre y hastío. En cambio, la mirada se queda ahí perdida para siempre en la nada, brotando densa desde los ojos cansados de ver rutina, encierro y espejos. El verbo extrañar surge ajeno, de...

Paredes

Las paredes no hablan, pero desde su quietud escuchan y lo ven todo. Testigos silenciosos de vivencias, encierros, noches largas y días ausentes. Pasa el tiempo, las personas, las familias, y ellas siguen ahí estoicas, acumulando recuerdos, coleccionando imágenes de las que nadie más oirá hablar nunca. Las paredes nos aíslan, protegiéndonos del mundo, del viento y el frío en el invierno, separando nuestras camas de la noche oscura en las calles. Nos privan del barrio, sus transeúntes, tamizan las conversaciones de la esquina en la mañana, que llegan con palabras amortiguadas rebotando en la almohada tibia. Nos mantienen secos en las tardes de lluvia, acaparando para sí el olor a tortas fritas que solo deja escapar la grieta rebelde de una ventana. Aunque a veces con el tiempo la humedad empieza a ganar la batalla a base de constancia, sombreando los rincones blancos con manchas oscuras y olorosas. Las paredes nos encierran, empujando nuestros cuerpos cautivos hasta ma...

Vacíos

No es necesario sentirse vacío ni completamente infeliz para experimentar ese sentimiento de vez en cuando. No significa que alguien está incompleto, solo representa una salida esporádica de esa parte de cada uno que nos vuelve indefensos ante los misterios del universo y de nosotros mismos. Es una pausa necesaria frente al pasar de los días, a lo incomprensible del tiempo alejándose rápidamente llevando consigo todo lo que alguna vez fue cotidiano, irrefutable. El vacío nos interpela constantemente, obligándonos a la duda, a la deconstrucción permanente. Poner nuestros valores y metas sobre la mesa, compararlas con las de los demás, medirlas con nuestros deseos, pensar en las posibilidades, en las injusticias propias del reparto desigual de oportunidades. Foto de Dương Nhân en Pexels Creo que en cierto punto el vacío se vuelve necesario para caminar hacia algún lado. Para hurgar en la vida y obtener de ella cualquier cosa que ayude a llenarlo. Toda persona que haya ...

Los soñadores despiertos

Foto de S napwire en Pexels En ese mágico momento en que la noche parece empezar a ceder, detenerse, me reconozco diferente. Hasta hace unos instantes todo parecía ser tragado por la fría oscuridad del cielo nocturno, que ahora comienza a mostrarse algo más claro sobre uno de los bordes. La arena congelada acabó por helarme los pies, y el aire del mar se llevó consigo casi toda la sensibilidad de mi rostro. De pronto, todo lo que hasta hace un momento no eran más que infinitas posibilidades, ligeras siluetas que danzaban mezclándose con las creaciones de mi propia mente, ahora parece tomar otras formas determinadas. Los límites cambian, los bordes se hacen más evidentes, las proporciones van jugando a su antojo alejándose del mundo conocido. No comprendo aun si es el ambiente a mi alrededor el que amanece distinto, o es el cristal a través del cual lo observo el que lo modifica, impregnando hasta al más simple de los objetos de una magnificencia digna de experimentar con t...

Taxi

  Infinitos ruidos se mezclan en la noche y se acercan a golpear la ventanilla del auto. Transición en curso, cambié de medio, pero el viaje continúa. Luego de dos horas con los ojos entrecerrados y el sueño liviano tambaleándose al compás de los movimientos del ómnibus, al pisar las veredas sucias lo primero que me agredió fue el bullicio de luces por todas partes, saliendo de los autos, manchando las baldosas al bajar desde el alumbrado público, resaltando los insistentes carteles publicitarios. Después los sonidos de la ciudad alborotada, la gente corriendo y agolpándose, las bocinas furiosas empujando autos en la esquina, los gritos perdidos, las estrepitosas risas desconocidas. Todo ello casi logró arrancarme del todo de mi adormecimiento, hasta que logré subir al taxi. Apenas lo hice el cambio de ambiente fue claro, un olor a cuero gastado mezclado con aromatizante con olor a cítrico artificial me invadió. La diferencia de temperaturas se hizo notoria en los vidrios levemen...

Aquella canción

Photo by Aleksey Malinovski on Unsplash   Había estado casi todo el día tratando de quitarse de encima aquella canción, la que escuchó sin querer colándose a través de su ventana esa mañana, mientras su cuerpo era arrancado de la cama por los alaridos de la alarma sobre la mesa de luz. Cuando salía de la ducha y el aroma a café recién hecho se mezclaba con el vapor del agua, comenzó los primeros tarareos, ensayando una voz gangosa y desafinada que terminaba rebotando contra los azulejos del baño y volviendo fortalecida hasta sus oídos. El desayuno, como era costumbre, transcurrió en completo silencio, apenas el ruido de la cuchara golpeando la loza negra de la taza se animaba a imponerse brevemente; o el sonido interno de su garganta que moviéndose para dar paso al café hirviendo intentaba nacer, pero moría al instante.  Cuando buscaba las llaves de la puerta, ya vestida con su ropa habitual: camisa blanca, pantalón azul y zapatos negros, lista para salir y enfrent...

Perdido en la noche

Photo by Beth J on Unsplash T ranscurría ya la mitad de la noche cuando el cuello no pudo evitar ceder ante el pesoacumulado de los pensamientos amontonándose en la cabeza, que acabó por caer golpeando el brazo izquierdo extendido sobre la madera del escritorio. Ese golpe silencioso, levemente amortiguado por los músculos del antebrazo, hizo brotar de un salto el lápiz desde la cartuchera, y en cuestión de segundos comenzó a delinear movimientos suaves sobre el papel, como impulsado por alguna fuerza misteriosa y no por los dedos de su mano. En medio de esa alienación de vez en cuando alguna letra lograba escaparse de la hoja y saltar hasta manchar el escritorio marrón; tratando de imitar a las palabras que a pulsos escapaban más allá de los huesos del cráneo e inundaban el aire de la habitación. El resto del espacio a su alrededor era quietud. Por momentos ni siquiera el ir y venir periódico de su cuerpo hinchándose y comprimiéndose al respirar era evidente, como si el único mo...