Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de 2017

Una armonía de confusión

  Un mundo de vidas pasadas que no regresarán. Interminable colección de recuerdos perdidos en algún rincón del tiempo. Tejiendo constantemente el telar del Universo con momentos, personas experiencias tangibles y pensamientos que nunca volverán a ser. O tal vez sí, cuando la memoria colectiva olvide su pasaje, estén condenadas a repetirse, una y otra vez, atravesando cada línea de tiempo independiente.   Pero ahora, todo forma parte de un yo distante, tan igual y sin embargo diferente a mí. El punto de partida, las ausencias, el comienzo, siguen siendo lo mismo; pero es el orden de los acontecimientos el que ha cambiado. Todo está en permanente evolución, los segundos mutan la realidad de la que estamos hechos; imperceptibles a veces cuando los buscamos en la propia experiencia, inmensamente veloces al contemplar el exterior.   ¿Y qué queda de todo esto? ¿Cómo armar una historia coherente teniendo tantas piezas desordenadas? Cada vez que, a ciegas, sumerjo mis manos en la oscuri

Arcoíris

  Yo vi un arcoíris hecho de personas. Cientos de ellas, moviéndose, corriendo, bailando, siendo. Vi un abanico de sonrisas de pura alegría, de la que no se puede comprar, esa que nace desde adentro y explota en el aire.   Levanté la vista y allí estaban las calles, ya nunca más grises, desbordantes de colores, surcadas por los mismos pies de siempre, pero ahora descalzos sobre la tarde.   Por un momento creí estar soñando, pensé que el tedio cotidiano y el pasado habían alcanzado por dejarme totalmente dormido. Pero no, aquello era la pura realidad, cada uno con su verdad, con sus matices, sus luces y sombras, pero todos juntos caminando hacia adelante.   Y es que no somos más que colores, delineados por el pincel del tiempo y la historia, colores diversos y flamantes en banderas de igualdad.   Es la luz la que nos regala esta primavera, la misma que nos da la vida, y riega las flores, la que nos mostrará finalmente la verdad detrás de cada uno.

Perdido

  De vez en cuando me pierdo, y me olvido de ser durante horas y a veces días. Desagradable estado, donde se amontonan mil cosas para hacer, pensamientos, preocupaciones y horas de sueño. Todas las palabras que puedan llegar a este sitio sobran, porque no hay más lugar que para el silencio. La rutina se desinfla, unas veces de un golpe, otras de a poco, y cae sin peso, hasta quedar atrapada entre el calor de las frazadas y la oscuridad de las cuatro paredes. Allí en ese ambiente cálido y solitario, la música danza con suavidad, las canciones atraviesan las horas, mientras afuera el sol o la luna recorren el cielo.   Aquel ser del día anterior, corriendo las veredas, parece lejano, y el que vendrá mañana es un misterio. Como el misterio de qué es lo que conduce a este lugar, cuáles son las palabras, las acciones, recuerdos, o sentimientos que llevan hasta él.   Es el sitio perfecto para tomar grandes decisiones, reorganizar lo que se quiere con lo que se tiene, evaluar posibili

Un día más

  Un nuevo comienzo; otro intento por mantenerme sobrevolando los días con alas de imaginación, y surcar los vientos cambiantes de las emociones, para aterrizar con suavidad sobre tiempos mejores.   Visitar un nuevo sitio, no del todo desconocido, construido sobre cimientos muy antiguos, que alguna vez fueron mi hogar, y ayudaron a protegerme del frío oscuro de la noche tortuosa. Un viaje sin retorno, pero poblado de intermitentes miradas hacia atrás, sin memoria, pero lleno de recuerdos atesorados bajo los huesos.   Reinventarse, encontrarse en la piel de otro, en la propia, verse al espejo, más viejo y con la mente joven; amanecer sin esperar nada, sólo estando atento a los pequeños obsequios que trae cada día, momentos definitivos que forjarán la memoria de otra vida.  Empezar de nuevo, con poco, con lo que se tenga a mano y sea necesario para ir en busca de lo merecido.   Hoy voy a correr sobre el verde del campo bajo la luna, alejándome de estas palabras vacías. V

Escondidos

Foto: Pinterest Bajo la caída de la tarde, detrás de las sombras acentuándose y el horizonte absorbiendo al sol; o sobre el resplandor del mediodía, levantando la tierra en el patio de la escuela, los niños juegan a las escondidas. Diversión antigua como el hombre, instinto de supervivencia devenido en entretenimiento. Cualquier sitio es factible de ser escondite, y es así que la infancia transcurre entre los nervios de ser descubierto y la destreza de ocultarse. Pero, con el cuerpo oculto tras un árbol, o agachado al otro lado de algún arbusto; absolutamente envuelto en su inocencia, el niño puede llegar a ignorar que parte de su cuerpo está descubierto develando así su ubicación. Años después, ya en la vida adulta, continuamos interpretando este juego, a veces casi con la misma inocencia, pero con el fin de adaptarnos e integrarnos a la vida en sociedad. Cualquier ser medianamente observador, lo suficientemente detallista y empático, puede detenerse y encontrar en el otro su

¿Para qué opinar?

Conforme el hombre desarrolló su capacidad de pensamiento y análisis, seguramente comenzó a ver las diferentes situaciones de la vida cotidiana en nuevas perspectivas, observándolas desde muchos ángulos, buscando la mejor manera de explicar los sucesos para conseguir un eficiente desempeño o superar las dificultades. Tiempo después, como consecuencia de la gran diversidad de formas de ver el mundo como personas en la sociedad, es probable que haya surgido esa casi inevitable actitud de dar la opinión propia ante cualquier situación; muchas veces con la intención de brindarle al otro una ayuda, o cuando solicitan nuestro pensamiento acerca de algún tema de interés, pero lamentablemente también existe otro tipo de opinión que es a veces tan despreciable como innecesaria, y es aquella dirigida a juzgar o tratar de entender el quehacer de otra persona. Años atrás, muchas de estas opiniones quedaban encerradas en conversaciones privadas, en el seno de una familia, o en alguna otra charl