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Arcoíris

  Yo vi un arcoíris hecho de personas. Cientos de ellas, moviéndose, corriendo, bailando, siendo. Vi un abanico de sonrisas de pura alegría, de la que no se puede comprar, esa que nace desde adentro y explota en el aire.   Levanté la vista y allí estaban las calles, ya nunca más grises, desbordantes de colores, surcadas por los mismos pies de siempre, pero ahora descalzos sobre la tarde.   Por un momento creí estar soñando, pensé que el tedio cotidiano y el pasado habían alcanzado por dejarme totalmente dormido. Pero no, aquello era la pura realidad, cada uno con su verdad, con sus matices, sus luces y sombras, pero todos juntos caminando hacia adelante.   Y es que no somos más que colores, delineados por el pincel del tiempo y la historia, colores diversos y flamantes en banderas de igualdad.   Es la luz la que nos regala esta primavera, la misma que nos da la vida, y riega las flores, la que nos mostrará finalmente la verdad detrás de cada uno.

Perdido

  De vez en cuando me pierdo, y me olvido de ser durante horas y a veces días. Desagradable estado, donde se amontonan mil cosas para hacer, pensamientos, preocupaciones y horas de sueño. Todas las palabras que puedan llegar a este sitio sobran, porque no hay más lugar que para el silencio. La rutina se desinfla, unas veces de un golpe, otras de a poco, y cae sin peso, hasta quedar atrapada entre el calor de las frazadas y la oscuridad de las cuatro paredes. Allí en ese ambiente cálido y solitario, la música danza con suavidad, las canciones atraviesan las horas, mientras afuera el sol o la luna recorren el cielo.   Aquel ser del día anterior, corriendo las veredas, parece lejano, y el que vendrá mañana es un misterio. Como el misterio de qué es lo que conduce a este lugar, cuáles son las palabras, las acciones, recuerdos, o sentimientos que llevan hasta él.   Es el sitio perfecto para tomar grandes decisiones, reorganizar lo que se quiere con lo que se tiene, ev...

Un día más

  Un nuevo comienzo; otro intento por mantenerme sobrevolando los días con alas de imaginación, y surcar los vientos cambiantes de las emociones, para aterrizar con suavidad sobre tiempos mejores.   Visitar un nuevo sitio, no del todo desconocido, construido sobre cimientos muy antiguos, que alguna vez fueron mi hogar, y ayudaron a protegerme del frío oscuro de la noche tortuosa. Un viaje sin retorno, pero poblado de intermitentes miradas hacia atrás, sin memoria, pero lleno de recuerdos atesorados bajo los huesos.   Reinventarse, encontrarse en la piel de otro, en la propia, verse al espejo, más viejo y con la mente joven; amanecer sin esperar nada, sólo estando atento a los pequeños obsequios que trae cada día, momentos definitivos que forjarán la memoria de otra vida.  Empezar de nuevo, con poco, con lo que se tenga a mano y sea necesario para ir en busca de lo merecido.   Hoy voy a correr sobre el verde del campo bajo la luna, alejándome de ...

Escondidos

Foto: Pinterest Bajo la caída de la tarde, detrás de las sombras acentuándose y el horizonte absorbiendo al sol; o sobre el resplandor del mediodía, levantando la tierra en el patio de la escuela, los niños juegan a las escondidas. Diversión antigua como el hombre, instinto de supervivencia devenido en entretenimiento. Cualquier sitio es factible de ser escondite, y es así que la infancia transcurre entre los nervios de ser descubierto y la destreza de ocultarse. Pero, con el cuerpo oculto tras un árbol, o agachado al otro lado de algún arbusto; absolutamente envuelto en su inocencia, el niño puede llegar a ignorar que parte de su cuerpo está descubierto develando así su ubicación. Años después, ya en la vida adulta, continuamos interpretando este juego, a veces casi con la misma inocencia, pero con el fin de adaptarnos e integrarnos a la vida en sociedad. Cualquier ser medianamente observador, lo suficientemente detallista y empático, puede detenerse y encontrar en el otro su ...

¿Para qué opinar?

Conforme el hombre desarrolló su capacidad de pensamiento y análisis, seguramente comenzó a ver las diferentes situaciones de la vida cotidiana en nuevas perspectivas, observándolas desde muchos ángulos, buscando la mejor manera de explicar los sucesos para conseguir un eficiente desempeño o superar las dificultades. Tiempo después, como consecuencia de la gran diversidad de formas de ver el mundo como personas en la sociedad, es probable que haya surgido esa casi inevitable actitud de dar la opinión propia ante cualquier situación; muchas veces con la intención de brindarle al otro una ayuda, o cuando solicitan nuestro pensamiento acerca de algún tema de interés, pero lamentablemente también existe otro tipo de opinión que es a veces tan despreciable como innecesaria, y es aquella dirigida a juzgar o tratar de entender el quehacer de otra persona. Años atrás, muchas de estas opiniones quedaban encerradas en conversaciones privadas, en el seno de una familia, o en alguna otra charl...

Amanecer

La vida dista mucho de ser lo que alguna vez imaginé, hace ya un tiempo, en mis horas de juventud. Camino solitario, llevando de tiro mi vieja bicicleta destartalada, mientras calle arriba, escalo la cuesta de la rutina. La ciudad casi en su totalidad duerme, solo la brisa fresca de las seis de la mañana y algunos pájaros rebuscando comida entre la basura, están allí para darme los buenos días. Sé que a pesar de la soledad que empieza a iluminarme con la salida del sol, somos muchos los que como hormigas, en silencio de resignación y cansancio, marchamos a trabajar cuando la mayoría del mundo está descansando. Pero me rehúso a ser uno más, y no por vanidad o simple rebeldía, sino por respeto al joven que fui. A mis veinte tenía más ideales e inquietudes sociales que años en el cuerpo, me fui sumando a toda lucha y reclamo que fuese fruto de la injusticia, y eso me hizo vivir visionando un futuro también de lucha y construcción permanente. Pero con el paso del tiempo las i...

Volar

Luego de meses, que quizás fueron años, de estar parado estático, sin querer ni poder moverme, estancado de forma aparente a la impersonal realidad en la que me encontraba, busqué un lugar apartado y comencé a caminar. Al principio con algo de miedo, porque a cada paso sentía que la vida misma podía estar escapándoseme, si es que ya no lo había hecho tiempo atrás; pero luego una extraña seguridad se apoderó de mi, como si en el fondo supiera por qué lo estaba haciendo. Lo cierto es que en ese momento, mientras mis pies se alternaban para impulsar mi pesado cuerpo, las razones de mis movimientos me eran totalmente ajenas. A pesar de la gran incertidumbre que me atormentaba, decidí, como un tímido último intento de autocontrol, no detenerme, seguir a pesar de todo, incluso de mi propia opinión. Quizás era lo que estaba destinado para mí, eso que durante tanto tiempo busqué sin éxito, la tan ansiada meta era la que se hallaba escondida detrás del horizonte. Precisamente hacia ese horizont...