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Perdido en la noche

Photo by Beth J on Unsplash T ranscurría ya la mitad de la noche cuando el cuello no pudo evitar ceder ante el pesoacumulado de los pensamientos amontonándose en la cabeza, que acabó por caer golpeando el brazo izquierdo extendido sobre la madera del escritorio. Ese golpe silencioso, levemente amortiguado por los músculos del antebrazo, hizo brotar de un salto el lápiz desde la cartuchera, y en cuestión de segundos comenzó a delinear movimientos suaves sobre el papel, como impulsado por alguna fuerza misteriosa y no por los dedos de su mano. En medio de esa alienación de vez en cuando alguna letra lograba escaparse de la hoja y saltar hasta manchar el escritorio marrón; tratando de imitar a las palabras que a pulsos escapaban más allá de los huesos del cráneo e inundaban el aire de la habitación. El resto del espacio a su alrededor era quietud. Por momentos ni siquiera el ir y venir periódico de su cuerpo hinchándose y comprimiéndose al respirar era evidente, como si el único mo...

Nuevos horizontes

Quizás redefinirse no debería estar ligado a ninguna fecha o momento particular. Pero inevitablemente siempre lo está. Muchos pueden ser los detonantes: una pérdida, una vuelta al sol, quedarse sin trabajo, el comienzo de un nuevo año. Cada uno crea su camino y si le funciona inventar un nuevo “yo” al cambiar el almanaque, o al cumplir años, o el acontecimiento que sea, está perfecto. Existen tantos modos de llegar a la identidad como personas en el planeta. El cambio de año en particular es una época muy propicia y casi generalizada para reinventarse. Todo el mundo quiere empezar el año con el pie derecho, corregir errores y encontrar mejores rumbos, inundar el año entrante con propósitos que parecen excelentes metas y luego se van desvaneciendo al pasar los meses. Es así que al llegar esta época nos vemos inundados de presiones sociales (que, como siempre terminan siendo presiones auto inducidas), frases hechas, historias de vida en redes sociales y cientos de imágenes más; qu...

El "efecto ganador"

Para ejemplificar lo que voy a ilustrar en este texto, comenzaré con una analogía, que marca creo yo claramente a qué me refiero. En el mundo del deporte, más precisamente en el fútbol, actividad tan usada para hacer paralelismos con la realidad, ocurre algo particular con respecto a las victorias y derrotas de uno u otro equipo. En la competencia suelen verse todo tipo de actitudes, tanto dentro como fuera del campo de juego, todas las energías están puestas en obtener el resultado y bajo este lema se ven muchas maneras de actuar violentas incluso, entre colegas detrás de una pelota. No voy a hablar de las tribunas porque es tema para otro texto. Lo cierto es que una vez finalizado el partido, es común que los ánimos se calmen, pero sucede que quien sale perdiendo a veces se vuelca a la protesta, contra los adversarios, los árbitros o quién sea, llegando al extremo de la violencia. Lo contrario ocurre con el que se lleva la victoria, por lo general se torna más conciliador, actitud ...

Las décimas perdidas

Hace un tiempo, viajando en ómnibus con destino al lugar donde doy clases, me encontré con un personaje interesante. El viaje dura apenas una media hora, ya que el centro al que acudo es a unos pocos quilómetros de la ciudad. Siempre un transporte colectivo es motivo de encuentro con diversos tipos de personas, con situaciones de todo color, conversaciones que uno escucha sin quererlo y quedan flotando por ahí. En fin, de vez en cuando está bueno alejarse del ensimismamiento, salir de la mente o quitarse los auriculares, para contemplar el entorno y sus detalles. Photo by Ant Rozetsky on Unsplash Yo sentado en el fondo del vehículo, veo subir a un señor de unos setenta años, quizás más. Lentamente maniobrando el peso de sus bolsos como podía a medida que avanzaba en el pasillo, dejando atrás los asientos ocupados, hasta llegar y sentarse en el asiento contiguo al mío. Desde un primer momento la presencia de la guitarra descansando junto a mí en el asiento le llamó la atenció...

La muerte del sentido común

Vivimos en una época muy particular, el avance y la expansión de las nuevas tecnologías, y la extensión del uso de las redes sociales, ha provocado una “hiperconectividad” entre todas las personas sin importar las barreras que los separen. Hoy cualquier ser humano puede plasmar su opinión en internet (yo lo estoy haciendo ahora) y hacerla llegar en un instante a cualquier parte. Esto me parece maravilloso porque aumenta la pluralidad de voces y democratiza la información, hoy en día ya no existe como antes una sola visión de la realidad provista por los medios de comunicación y aceptada por todos sin cuestionamiento alguno. Ya no quedan prácticamente puntos de vista que no estén reflejados en alguna parte, no hay visiones del mundo marginadas, o gente con cosas para decir y sin espacios para expresarse. Obviamente que esto también tiene sus numerosos costados negativos, como el avance y la masificación de discursos de odio que se creían enterrados para siempre; porque es más fácil qu...

Día vacío

 Despojé al día de toda subjetividad, poco a poco le fui quitando las horas, las responsabilidades, el peso de su ubicación caprichosa dentro de la semana. Al principio me costó bastante lograr desprenderlo de todo porque, para mi sorpresa, era mucha la carga. Fui extrayendo una a una las expectativas, los horarios preestablecidos, y todo lo que descansaba planificado en el calendario. Este último perdió total sentido, hasta convertirse en una simple asociación impuesta como promesa de orden, ajena al orden propio. Y, sin embargo, ambos yacen alineados hasta que son forzados a separarse. Terminé por quitarle al día también mis horarios autoimpuestos, los momentos designados para cada actividad rutinaria: los minutos de almuerzo, la sobremesa, el espacio vacío entre la ducha y la hora de dormir.  Por último, acabé por extraer hasta el clima. Me fue fácil, una vez que fui consciente de cuánta influencia tenía sobre mí el sol del mediodía, o la lluvia suave durante la tarde...

La máquina de perder tiempo

  El aparato hace vibrar la mesa, interrumpiendo el silencio pensativo de la tarde. La cabeza tiende a girar, casi por instinto, por obligación. Con los músculos del cuello procura mantenerla firme al frente, con los ojos dirigidos hacia la diapositiva brillante en la pantalla de la computadora. Intenta unos segundos, falla, vuelve a controlar la dirección de la mirada, hasta que por fin se rinde rompiendo el leve hechizo de concentración. Y así el ciclo comienza una vez más. Un mensaje, insignificante. Una notificación que motiva la navegación pasiva en el mar de publicaciones, unas graciosas, alguna foto interesante, un poema. Todo al cabo de un rato se vuelve superficial, ya poco importa lo que está en la pantalla, solo cuenta el hecho de estar allí dentro, abstraído en ese micro mundo sin obligaciones, sin parciales, sin tiempo, sin presiones. El parcial. Rápidamente presiona el botón de salir, aunque sabe muy bien que su mente se quedó allí, pensando en las historias por ver...