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Las palabras

  En ocasiones, las palabras se rehúsan a salir sin motivo aparente. Es así que los días pasan, amaneciendo con ganas de escribir, pero sin embargo, las horas se van, luciendo una hoja en blanco sobre el escritorio. En esos momentos me invade una extraña sensación, una especie de contradicción entre el deseo y las ganas, entre cuerpo y alma.   Hasta que cierto instante, sin forzarlo, tomo asiento en tranquilidad, con un lápiz en la mano, y las palabras empiezan a brotar, moviéndose constantes como hormigas en su camino. Muchas veces ni siquiera importa el sujeto de redacción, ni el propósito, o la intención; solo es preciso dejar que las oraciones vayan surgiendo, y los renglones quedando atrás, abarrotados de símbolos.   Luego de un espacio atemporal, medido en ensimismamiento mas que en minutos, el tema aparece por si solo, como siendo arrastrado por la inercia del propio movimiento del lápiz sobre el papel. Así sin más, todas las palabras empiezan a referirse a ...

Una noche

  Cae la tarde al fin, el sol se oculta y el día baja fresco. Sólo las aves parecen ser testigos de la brisa que recorre las calles. Al otro lado: yo. Entre cuatro paredes, coronado por un techo viejo que apenas si oculta el cielo aletargado sobre mi cabeza. La espalda recta sobre el respaldo, y los brazos algo agazapados sobre el escritorio de madera; donde descansando entre un cuaderno en blanco y una taza de té humeante, mi tarde se convierte en noche.   Y justo en ese instante, cuando las luces de la ventana se van apagando y la habitación se tiñe de sombras; sobreviene un recuerdo como un destello. Recuerdo una esquina de luz, quizás la más brillante de toda la ciudad dormida. Pequeños rostros perdidos, azotando las veredas, a paso lento. Un perro callejero se pega a dos almas, y luego a otras dos, caminando a un costado de la madrugada y la expectativa. Luego desaparece como si nada, dejando atrás lo que pueda ocurrir. Recuerdo una mirada justo encima de una sonrisa...

Regresando

   Las suelas de mis zapatos me hablan por la madrugada, mientras regreso a casa. Entre la goma gastada y las piedras de la calle, susurran consejos, quién sabe en qué dialecto. En la cima de la calle, las luces de un edificio me golpean la frente y entrecierran mis ojos; queriendo imitar al sol, que dentro de una hora acabará por apagarlas para imponer su propia luz. Apenas entro en la oscuridad de mi habitación, el calor de las cuatro paredes me da la bienvenida. El intenso olor a encierro me recuerda mi mente días atrás. Después de cerrar la puerta, la última frustración del día: olvidé tender la cama. Fueron varias cuadras de camino a casa, imaginando llegar y poder estirar mi cuerpo entre las sábanas; y ahora esto. Debo embarcarme en tal actividad.    Lentamente me coloco los auriculares, suena una suave y pegadiza música; y cuando quiero acordar estoy bailando alrededor de la cama, en la penumbra de la habitación. Con los brazos estirados trato de dejar la...

En la orilla

  Aturdido. Rodeado por cientos de aves que revolotean incansables sobre su cabeza y comienzan a ponerlo cada vez más nervioso. El cuerpo arrojado sobre la arena fría, con los brazos alrededor de las piernas y las rodillas presionándole el pecho.   De a ratos el mar envía sus olas y le da un respiro, espanta con su espuma suave alguna aves, que después de alejarse unos metros, vuelven a rondar en círculos sobre su cuerpo rendido.   De pronto, el día se hace noche, y la lluvia se vuelve uno con el aire.   Si supiera de qué manera, se levantaría y llegaría a comprender, que una vez de pie, las aves huirían asustadas. Y que sin importar cuántas gotas de lluvia murieran en su piel, estando así de pie, con la cabeza erguida más allá de los hombros, podría caminar sin problemas hasta donde quisiera.

Una armonía de confusión

  Un mundo de vidas pasadas que no regresarán. Interminable colección de recuerdos perdidos en algún rincón del tiempo. Tejiendo constantemente el telar del Universo con momentos, personas experiencias tangibles y pensamientos que nunca volverán a ser. O tal vez sí, cuando la memoria colectiva olvide su pasaje, estén condenadas a repetirse, una y otra vez, atravesando cada línea de tiempo independiente.   Pero ahora, todo forma parte de un yo distante, tan igual y sin embargo diferente a mí. El punto de partida, las ausencias, el comienzo, siguen siendo lo mismo; pero es el orden de los acontecimientos el que ha cambiado. Todo está en permanente evolución, los segundos mutan la realidad de la que estamos hechos; imperceptibles a veces cuando los buscamos en la propia experiencia, inmensamente veloces al contemplar el exterior.   ¿Y qué queda de todo esto? ¿Cómo armar una historia coherente teniendo tantas piezas desordenadas? Cada vez que, a ciegas, sumerjo mis mano...

Arcoíris

  Yo vi un arcoíris hecho de personas. Cientos de ellas, moviéndose, corriendo, bailando, siendo. Vi un abanico de sonrisas de pura alegría, de la que no se puede comprar, esa que nace desde adentro y explota en el aire.   Levanté la vista y allí estaban las calles, ya nunca más grises, desbordantes de colores, surcadas por los mismos pies de siempre, pero ahora descalzos sobre la tarde.   Por un momento creí estar soñando, pensé que el tedio cotidiano y el pasado habían alcanzado por dejarme totalmente dormido. Pero no, aquello era la pura realidad, cada uno con su verdad, con sus matices, sus luces y sombras, pero todos juntos caminando hacia adelante.   Y es que no somos más que colores, delineados por el pincel del tiempo y la historia, colores diversos y flamantes en banderas de igualdad.   Es la luz la que nos regala esta primavera, la misma que nos da la vida, y riega las flores, la que nos mostrará finalmente la verdad detrás de cada uno.

Perdido

  De vez en cuando me pierdo, y me olvido de ser durante horas y a veces días. Desagradable estado, donde se amontonan mil cosas para hacer, pensamientos, preocupaciones y horas de sueño. Todas las palabras que puedan llegar a este sitio sobran, porque no hay más lugar que para el silencio. La rutina se desinfla, unas veces de un golpe, otras de a poco, y cae sin peso, hasta quedar atrapada entre el calor de las frazadas y la oscuridad de las cuatro paredes. Allí en ese ambiente cálido y solitario, la música danza con suavidad, las canciones atraviesan las horas, mientras afuera el sol o la luna recorren el cielo.   Aquel ser del día anterior, corriendo las veredas, parece lejano, y el que vendrá mañana es un misterio. Como el misterio de qué es lo que conduce a este lugar, cuáles son las palabras, las acciones, recuerdos, o sentimientos que llevan hasta él.   Es el sitio perfecto para tomar grandes decisiones, reorganizar lo que se quiere con lo que se tiene, ev...