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El constructor

Pasó los días construyendo en su mente un lugar seguro y apacible. Un espacio al cual pudiera acudir en los momentos más duros, o incluso para recostarse en las pausas de la rutina.  A cada momento iba moldeando su hogar imaginario, redecorando rincones, agregando nuevas habitaciones, expandiendo colores. No era un sitio estático, sino todo lo contrario, las cosas se iban moviendo y cambiando de lugar o forma de acuerdo a los estados de ánimo. Siempre había un detalle novedoso, aunque la esencia permanecía intacta: la calma sostenía las paredes. Así, de acuerdo a sus necesidades, iba acudiendo a recuerdos felices, momentos atesorados lejos de todo pensamiento oscuro, algún aroma que lo transportaba a otra época, una textura de su infancia; todo ello formaba su lugar de paz. A veces, recostado en la cama al final del día, su mente lo llevaba a ese bálsamo de energía, donde su ser extraviado caía rendido ante el sueño. Pero sin embargo, con el devenir de los días y las vibraciones pr...

La cena

  La espuma resbala lentamente por su antebrazo, hasta llegar deslizándose a la palma de la mano. La otra, que sostiene la esponja, dibuja círculos imaginarios sobre la superficie de un plato, mientras el agua tibia se va escabullendo entre las cosas hasta perderse por el desagüe de la pileta. A sus espaldas, el sonido sedante de las burbujas naciendo y muriendo en una danza de micro explosiones, moviéndose entre las paredes circulares de la olla hirviendo sobre el fuego azul. Levanta la mirada hacia el reloj, donde las agujas se han acomodado para marcar las once de la noche. Luego de terminar con el último resto de vajilla sucia, seca sus manos y gira el cuerpo para apagar la hornalla.  Al otro lado de la barra de madera que protege el frente de la mesada dejando una gran ventana rectangular, se encuentra el living penumbroso. Y en el silencio de la pieza, manchada con restos de luz que escapan de la cocina, alguien duerme estirado sobre el sillón. Su respiración suave dibuj...

Ser joven no es delito

“La juventud está perdida” estamos ya hartos de escuchar. “Juventud” es usado como un término casi abstracto, esbozado con desdén por todo aquel que quiera desligarse de cualquier comportamiento social que considera negativo.  En realidad es algo sumamente práctico para cualquier persona desviar la culpa de esa manera. Es similar a cuando se hace referencia a “la sociedad” como algo que está por fuera de uno mismo. Entonces, es como si los jóvenes fueran parte de otro mundo distinto y paralelo, donde no son los adultos quienes gobiernan e imponen las reglas desde el principio. El mundo es de esos adultos y el resto parecerían ser etapas de transición hacia y después de la adultez. Los jóvenes son (somos?) parte inevitable de la cultura, muchas veces reproductores de modelos aprendidos por observación, comportamientos absorbidos por la necesidad de encajar o el miedo a salirse de la media. No se nos puede separar como si no hubiésemos sido educados y socializados bajo el modelo prep...

Descifrar

Me dejo llevar para ver hasta dónde es capaz de arrastrarme la noche. Todas las palabras cobran protagonismo en este micro universo de música y soledad. Puede que ahora las letras caprichosamente agrupadas se sientan como hojas secas arrastradas por el viento, aisladas de su rama madre. Pero dentro de unos momentos todas tendrán su nicho preciso dentro del texto, y este, abrazándolas, cargará con su intención. Busco capturar las imágenes que pasan por mi mente. Crear algo a partir de este momento, con destino a un instante futuro, donde las imágenes ya no sean tan claras y las p alabras se escondan. Quién se ha robado la magia del mundo?  Quizás este simple ejercicio sea un paso para lograr recuperar la magia que el mundo me robó a mí. La música se cuela como anestesia por los rincones de mi cerebro y de a poco me va llevando lejos de esta habitación. No sé a dónde me dirijo en este viaje fuera de las paredes conocidas. Solo sé que mi cuerpo rendido cayó estirado sobre la cama, y ...

La serpiente brillante

 P or la ventanilla del ómnibus veo acercarse la ciudad, como una inmensa serpiente de escamas brillantes. Su cuerpo se extiende en la oscuridad cerrada del campo alternando luces plateadas y rojizas. Lentamente me voy aproximando a ella, emergiendo desde la nada del campo nocturno, hasta llegar a sus calles despobladas. A medida que avanzo, los árboles opacos bajo el cielo se van intercalando, pasando velozmente frente al cristal, para perderse a mis espaldas. Ahora ya soy uno con la serpiente. Lentamente voy rodando por sus entrañas, rozando su piel de asfalto frío, dejando atrás a los pocos transeúntes que aún rondan las calles de invierno. Las vidrieras empañadas devuelven imágenes borrosas de los comercios tras las rejas. Un gato salta desde un tacho de basura, para perderse con sigilo tras la esquina. Poco a poco me alejo y la luz va desapareciendo. Ahora solo veo el horizonte, donde confluyen el negro del campo con la poca luz que las estrellas le otorgan a este cielo noctur...

Mañana

Buenas! Bienvenidx una vez más a mi blog! Hoy comparto un texto breve que escribí hace un tiempo, en el cual trato de describir una mañana como tantas en la ciudad. Espero que les guste! Podés dejarme un comentario contándome qué te pareció, o usar los botones para compartirlo en tus redes y que llegue a otrxs. Gracias por leer!   - La humedad despierta con la mañana. Las calles aún vacías se levantan brillosas, vestidas con un fino manto plateado que refleja las últimas luces resistiéndose a desaparecer, ignorando la claridad incipiente. El silencio en las esquinas, sólo llega a interrumpirse por el aleteo nervioso de las palomas acurrucadas en algún rincón de los edificios del centro. El misterio recubre sus guaridas, con paredes viejas y desprolijas ocultando las inentendibles conversaciones en su interior. De a ratos, un solitario animal madrugador escapa revoloteando y bordea la pared de concreto para perderse a través de otro agujero. La ciudad expectante, aguarda i...

Sendas de papel

Escribe arrojando las palabras sobre el papel con vehemencia, como si así lograra disolver la pesadez de su monólogo interno. A esa altura de la noche cualquier paliativo para su conciencia es bienvenido. Poco a poco se entrega a los devenires del texto, que lo van llevando por los rincones más insospechados de su mundo interior. Cada palabra, frase o ide a que se m anifiesta, va de sper tando toda una nueva región, o trae consigo imágenes latentes de  un futuro anh elado. F ot ografías gastadas de un pasado  recorrido una y otra vez, hasta el cansancio, parado en el umbral del sueño al filo de alguna madrugada. Todo esto navega sin rumbo en las turbulencias de su pensamiento, y solo es preciso un momento de calma exterior para que el adentro empiece a agitarse y desnudar sus vacíos. Parece como si el prestarle atención sólo contribuyera a profundizar el enredo. Pero hacerlo visible en el  marco abierto de una hoja en blanco, puede que ayude a desatar los nudos de la mare...